NO. 2 (DICIEMBRE 2025) / POESÍA / 365 PALABRAS
La tinta verde crea jardines, selvas, prados,
follajes donde cantan las letras,
palabras que son árboles,
frases que son verdes constelaciones.
Octavio Paz
I.
La tinta correrá por las calles…
Una rebelión escribirá la ciudad con tinta verde.
De cada gota brotará esperanza
la clorofila
trepará
al asfalto.
y nos uniremos,
desde el Abya Yala,
en un verde clamor de resistencia.
Los árboles reverdecerán en las esquinas,
cubrirán casas, viejas fábricas, sedes de gobierno y rascacielos,
(sin distinguir estratos, géneros, razas)
ni clases sociales,
ni fronteras.
Estaremos todos teñidos
bajo una misma bandera de tinta verde
II.
Dicen los koguis,
así comenzó la abundancia:
Eluitsáma, la Madre que bebió medio mar,
sembró ñame, yuca, batata, fríjol y malanga.
Hoy los huertos urbanos repetirán su gesto:
saciaremos el hambre
con jardines hidropónicos
que volverán a nacer del agua.
La agricultura será regenerativa,
la economía, circular,
la distribución, equitativa,
a manos abiertas,
brotarán los frutos de nuestro esfuerzo
y después vendrá una revolución ecoindustrial:
Los rezos y ungüentos de las abuelas
de las hojas extraerán la sabia savia,
y junto a ellas
vibrarán las modernas máquinas de resonancia.
Un visionario
mimetizará la luz solar,
brotarán descubrimientos como manantiales.
El petróleo volverá a ser obsoleto,
como en los tiempos de antes:
será una curiosidad,
una resina oleosa con fines rituales.
Los humedales le ganarán al concreto,
palmo a palmo.
Las calles se adaptarán a ellos.
Los ríos que atraviesan la ciudad
volverán a ser cristalinos,
llenos de peces,
llenos de aves.
Y en su corriente
también fluirá
la tinta verde
que ahora calla y medita como el árbol,
que mueve apenas sus ramas,
para susurrar al viento el rumor del agua que despierta.
Y nos grita, en el cantar de un ave,
que está por llegar
para cambiar conciencias.
III.
Algunos dicen:
ni al pájaro ni al árbol les importaría
si la humanidad perece;
apenas extrañarían nuestra partida.
Pero la tinta verde cuenta otra historia:
no es un lugar,
sino un resplandecer en el huerto.
Es un río que busca volver a ser cristalino,
son los ojos de quienes siembran.
Quienes sueñan con ella van en camino.
Quien ama la tierra,
quien ama a la gente
ya vive en ella.
Basta con aprender a escuchar:
a nuestro alrededor,
ese murmullo
que nos dicta,
sin prisa,
la tinta.
Rafael Figueredo Oropeza (Venezuela) es escritor, físico y desarrollador de software radicado en Bogotá. Ha sido galardonado con el Premio Solsticios de Ciencia Ficción (2014), el Concurso Universitario de Cuentos José Santos Urriola y el Concurso de Poesía Iraset Páez Urdaneta (2012). Ha publicado en revistas como Letralia, La Cueva del Lobo, Tiempos Oscuros y Anapoyesis, y en antologías como Inventus. En 2024 publicó su primer poemario Nos delata la perplejidad, donde entrelaza lo cotidiano y lo mítico desde una mirada simbólica e introspectiva.