NO. 4 (SEPTIEMBRE 2026) / POESÍA / 197 PALABRAS Paso primero: arrodillarse ante el dilema del cuerpo y reconocer que la fricción de la carne es el cultivo del que nacen las flores. Paso segundo: arrojar todas nuestras costillas como abono para la tierra y aguardar a que de ellas nazca el pentagrama que encenderá […]
Yo,
mujer reina colmena
mujer madre colmena
en el espectro de árbol talado
en abandonado jardín
de extinta apicultura,
Cambian las estaciones en el auge de un solsticio
es el brillo de los ojos del hombre
contemplando el galopar de los caballos.
Antoñito duerme entre vuestros brazos. Los deditos minúsculos en su manita minúscula tocan, a veces, un piano invisible. El bebé no se ha despertado con el rugido del animal que os acecha y os ha clavado en el sitio. Ni cuando lo habéis embadurnado, como a vosotras, con la pulpa del higo bermejo que camuflará vuestro olor. Fruta nueva que arrojan árboles nuevos como nuevo es todo lo que crece en este mundo que ahora es un valle, pero que antes ha sido muchas otras cosas. Y muchas más cosas será, ya emancipado de vosotras.
A los 7 años, Rogelio aprendió que se vivía mejor callado. Lo entendió mientras miraba sus uñas rotas después de arrancar la yuca. Su patrón lo regañaba si se quejaba o le demoraba el pago intencionalmente. Si se cortaba la piel con alguna rama o piedra, se amarraba la herida con un chiro y seguía trabajando hasta terminar la jornada.
Eres la nave más inteligente que existe. No es un alardeo, es solo un hecho. Y por eso, no vas a permitir que pase lo que acaba de pasar. Anticipas y (no) sientes la explosión que destroza tu cabina, que despedazaría a tu adorada tripulación como papel. Esto no es aceptable.
El mensaje en pantalla: “Cinco minutos”. Enciendo las luces LED del comedor.
Ubico el trípode a cuarenta y cinco grados, a la altura de los ojos de mi padre.
Mi viejo espera la comida durmiendo en la silla; los brazos caídos, la cabeza hacia atrás. Su boca abierta es una trampa de oso esperando su presa. Mi madre, junto a él, callada como siempre. Sobre el refri, el manual geriátrico de correcta postura. Recito los pasos sin hojearlo.
La primera vez que vieron al niño, las ovejas estaban mudas. Eso lo recordaron tiempo después. Antes, recordaron la nieve acumulada contra las paredes del galpón, el viento golpeando la puerta durante la noche, el barro congelado en las botas, un silencio raro cuando sabes que algo no encaja, el hedor de trescientas ovejas encerradas bajo techo, mojadas hasta el lomo, mirando hacia el fondo del corral.
—Así que, a partir de ahora, la tarea de limpieza depende de nosotros. Cada día pasaréis la fregona y os asegurareis de mantener la nave limpia y libre de posibles peligros, como mandan las leyes de seguridad e higiene en el trabajo —dijo Nabienne en la mesa circular.
Nadie quería abrir la puerta, así que le pidieron a Cartesiana que escogiera un alumno al azar y resultó ser él. Por supuesto que era él.
