Guanaco blanco
La primera vez que vieron al niño, las ovejas estaban mudas. Eso lo recordaron tiempo después. Antes, recordaron la nieve acumulada contra las paredes del galpón, el viento golpeando la puerta durante la noche, el barro congelado en las botas, un silencio raro cuando sabes que algo no encaja, el hedor de trescientas ovejas encerradas bajo techo, mojadas hasta el lomo, mirando hacia el fondo del corral.
