ficcion

Hey, mano, ¿qué llevas en ese costal?

A los 7 años, Rogelio aprendió que se vivía mejor callado. Lo entendió mientras miraba sus uñas rotas después de arrancar la yuca. Su patrón lo regañaba si se quejaba o le demoraba el pago intencionalmente. Si se cortaba la piel con alguna rama o piedra, se amarraba la herida con un chiro y seguía trabajando hasta terminar la jornada.