NO. 1 (AGOSTO 2025) / POESÍA / 538 PALABRAS
I.
En el viaje
me acostumbré a todo,
o casi todo.
La ingravidez…
(desde antes,
tenía la cabeza en las nubes).
A la comida en tubos de dentífrico,
la descalcificación de los huesos,
la pérdida de masa muscular,
la fibrosis del hígado…
Me acostumbré a saber
que ya nunca alcanzaré a regresar…,
y a ponerle voces a un objeto inanimado,
para de vez en cuando
escuchar una voz,
que no fuese la mía,
sino una trampa,
porque, aunque quisiera fingir,
no estoy loca…
Yo sé que esa voz que me habla
es la mía.
El vacío,
la amenaza latente en el espacio,
solo a ratos, se vuelve una promesa.
II.
Desde el cielo no se ven las constelaciones…,
la vida se aprecia de otro modo.
Aunque el cielo no es siquiera un estado superior.
Cuando yo era niña pensaba que en el Cielo
habitaban los ángeles.
Luego supe que eso que llaman Cielo,
en las iglesias,
no es más que el inframundo.
Descubrí que el inframundo no está arriba,
donde indagan los ojos,
pero tampoco abajo,
porque a menudo quise escarbar la tierra.
Que la Tierra es redonda se aprende.
Cuando nacemos,
es simplemente plana…
Desde niña quise ser cosmonauta.
Ahora entiendo que el cielo,
este de las estrellas,
como el otro,
el Cielo de los ángeles,
no está arriba ni abajo
sino al lado.
Y todavía no alcanzo a ver a Dios.
III.
Alguna vez tuve una hermana,
una hermana gemela,
allá en la Tierra.
Mi hermana vive la vida
que yo no supe vivir entre los hombres.
Ahora ella envejece…,
y yo no.
¿O era al revés?
¿Para cuál de las dos pasará el tiempo?
Ya mi hermana gemela
no se acuerda de mí.
Estoy segura.
Yo también tengo días de olvidarme…
Recordar no va a saldar el viaje,
lejos de los afectos.
Mi hermana gemela nunca sueña conmigo.
Ella vive una vida terrícola,
una vida de orden,
donde el día es el día y la noche, noche.
Va a morir
sin que existan los viajes espaciales.
IV.
Sufro Síndrome de Adaptación Espacial:
SAS.
Significa que me siento morir.
Significa que me puedo morir,
de un momento a otro.
Como todos…,
pero peor que el resto.
Vivir es la elección difícil.
Si sobrevivo,
voy a dejar de comerme las uñas,
o borraré la lista de canciones
que me recuerda afectos insaciables.
Si alcanzo un día más,
haré las cosas
que siempre quise hacer
y nunca hice,
porque no supe cómo.
Intentaré hacer las cosas
de otro modo.
No sé por qué ahora quisiera hacer todo
y que la vida fuera diferente,
aunque jamás se pueda…
¡SAS!
Incluso en los términos de esta nave,
hay que considerar siempre los límites.
V.
El tiempo no transcurre igual en la Tierra,
que en el espacio.
Aunque siempre el tiempo es una mentira,
una metáfora para organizar la vida,
o limitarla.
Pero en el espacio
de nada valen las metáforas…
Venus siempre fue el planeta del amor.
Eso es una metáfora…
Un día en Venus
equivale a doscientos cuarenta y tres días en la Tierra:
Cinco mil ochocientas treinta y dos horas.
¿Qué se hace
con cinco mil ochocientas treinta y dos horas diarias
para darle vueltas a lo mismo?
Barbarella D’Acevedo (Cuba). Escritora. Profesora de arte y editora. Ha obtenido múltiples galardones, entre los que se encuentran: V Premio Internacional de Poesía Juan Ramón Jiménez de Coral Gables (2024), Hermanos Loynaz (2021), XIX Certamen de Poesía Paco Mollá (España, 2020), Bustos Domecq (2020). Publicó, entre otros: Músicos Ambulantes (2021), El triunfo de Eros (2022) y Blanco y azul (2022) con Editorial Primigenios (Miami); Basilio y el deseo (DMcPherson Editorial, Panamá, 2022), Érebo (Aguaclara Libros, España, 2022), Tren para Salinger (Ediciones Loynaz, 2022), La casa, el mundo y el desierto (Ediciones Hurón Azul, España, 2023).
