NO. 1 (AGOSTO 2025) / FICCIÓN / 2,610 PALABRAS
Declaración de motivos para uso de las funciones de aceleración del Saturnex versión 107.0.5304 durante un periodo superior a 6 meses, bajo el criterio establecido por el art. 30 del Código para la Regulación de la Percepción Temporal.
Estimadxs miembrxs del comité,
Por la presente me permito manifestar mi desconcierto ante las vías que ha tomado la ciencia en las últimas décadas. Es inconcebible que las supuestas grandes mentes no hayan inventado aún una manera de atar una persona a su palabra. Y no me refiero a un contrato; de un contrato se puede huir, un contrato se puede romper. Me refiero a algún ingenio infalible, que compela a las y los signatarios a respetar promesas. Mejor aún, que obnubile el germen mismo de los pensamientos que desgastan progresivamente el lazo que lo unía a uno o una a esa promesa, esas palabras con las cuales el acusado o acusada había suspendido el tiempo en un para toda la vida.
A falta de dicha tecnología, me permito pedir como compensación la autorización del comité para hacer uso del Saturnex nº UB23135 durante un periodo ininterrumpido de 366 días a partir de la fecha del fallo de mi solicitud.
Se anexan a la presente carta los documentos necesarios para justificar mi petición.
Quedo a la espera de su pronta respuesta.
Atentamente,
C. ÁGATA PERLUSA
ANEXO 1: Extractos pertinentes del art. 30 del Código para la Regulación de la Percepción Temporal
“El objeto de esta Ley es regular el derecho que corresponde a toda persona que cumpla las condiciones exigidas a solicitar y recibir la ayuda necesaria para la utilización de dispositivos que alteran la percepción natural del tiempo, en casos de extremo sufrimiento, el procedimiento que ha de seguirse, los plazos establecidos, y las garantías que han de observarse […]”
Definiciones:
f) “Extremo sufrimiento”: situaciones que por su naturaleza originan sufrimientos físicos o psíquicos constantes e insoportables sin posibilidad de alivio que la persona considere tolerable, con un pronóstico de vida limitado para esos sufrimientos.
ANEXO 2: Cronología de los hechos
Cuánta belleza hay en las cosas fijas, pienso, mientras me miro en el ridículo espejo que tiene en su mesilla de noche. Me había prometido que compraría uno de cuerpo completo, pero ese fue otro tipo de promesas, de las que existen para romperse con complicidad, con una sonrisa afectuosa y un gesto de cabeza desaprobatorio. Este dije de perla, que no me quito ni para dormir, fija mi apariencia en el tiempo, en las fotos que le envío regularmente. Me gusta que delimita con precisión mi corte de pelo trimestral, el que da la impresión de que no han pasado más de unas horas desde que nos vimos. El mismo efecto que los jabones que le traigo cada que vuelvo. Cuando nos reencontramos, tiramos los de la vez anterior y ponemos los nuevos. Reconozco que estos pequeños rituales no son los más románticos: volveré antes del último jirón de jabón no es material para baladas, pero la terapeuta que nos detalló el funcionamiento del servicio nos dejó muy clara su importancia. Los rituales les darán una impresión de continuidad. Evitarán que se desorienten con la alteración de la percepción temporal. Por eso los jabones, los aretes, el corte de pelo, el vestido azul que me pongo en cada despedida, y que dejo en su casa para que en cada reencuentro se mantenga la ilusión de que han pasado apenas unas horas, tal vez unos minutos, desde el último adiós.
Con los años hemos establecido otros rituales, algunos recomendados por la terapeuta, y otros, secretos, sólo nuestros. Bajo de mi vuelo Hong Kong – Ciudad de México, siempre un viernes por la mañana, mientras él está en el trabajo. Entro a su casa y desactivo todas las funciones de aceleramiento. Me baño de inmediato, tengo que lavar el tiempo de separación, eliminarlo de cada pliegue de mi piel. Después, me pongo el vestido y como algo ligero. Los viernes él llega del trabajo siempre a las cuatro menos cuarto. Lo espero frente a su edificio, contando los peatones de la banqueta de enfrente. Me invento que estos nos felicitan, que están celosos de nuestra felicidad. Cuando su silueta aparece en la esquina, siempre se acerca haciendo el mismo gesto de la mano, el que indica que está desactivando también todas las funciones en su celular. Siempre alza la vista sonriendo. Ese día, me contuve de correr hacia él: dos personas que se vieron hace unos minutos no corren al reunirse. Nos rodeamos el uno al otro con brazos confusos, e invariablemente siento la misma magia que en el primer reencuentro: que en ese abrazo somos del otro el mundo entero.
Subimos sonrientes a su departamento y nos besamos conteniendo la presura y la emoción. Nos desvestimos en una coreografía ya familiar: mi vestido, su playera, sus pantalones. Por un acuerdo tácito, conservo siempre mi ropa interior. No es el sexo apasionado e intenso de las primeras noches, sino apenas la persecución de ese instante de alivio, como salir del agua después de aguantar la respiración durante minutos. Después, nos enlazamos siempre en la misma posición, tobillos cruzados, mi cabeza en su pecho, una balsa en el mar del tiempo que adelantamos. Alguno se duerme, casi siempre soy yo, y el otro es arrullado por esa respiración apaciguada. Ambos dormimos más de 3 o 4 horas por primera vez desde la última separación.
En nuestro último reencuentro todo salió como planeado: conté el mismo número de dientes en su primera sonrisa, las mismas caricias, su suspiro en nuestros besos. La única diferencia fue que se quedó dormido antes que yo. Ya ha pasado, y no me habría preocupado, si no fuera por lo que vi de reojo en la pantalla de su celular. No fue mi intención tomarlo. Tengo tan pocos momentos para verlo dormir que quise alentar el tiempo, sólo durante unos minutos, alargar esa imagen de contento. Sin voltearme para no despertarlo, estiré la mano hacia la mesita de noche y tomé uno de los aparatos, pensando que era el mío. No fue sino hasta que tuve frente a mis ojos la aplicación abierta que me di cuenta del error. Estaba por regresar el aparato con cuidado a su morada nocturna, pero me llamó la atención que la pantalla principal de su aplicación Saturnex mostraba más de una actividad reciente, más de dos o tres. Dudé un momento antes de consultar las fechas, las horas, pero aún no conozco nada más fuerte que la curiosidad.
Que quede registrado aquí que la promesa que nos hicimos no excluía la posibilidad de regresar el tiempo a su velocidad normal durante ocasiones especiales: bodas de amigos muy queridos, cumpleaños de sobrinas, la celebración de nuestros éxitos profesionales. Pero siempre nos hemos avisado: voy a desactivar mi Saturnex para leer el último capítulo de mi novela, apagué mi Saturnex porque salí a cenar con Pablo y no nos habíamos visto en 4 años, etc. La actividad en su aplicación revelaba otro patrón, el de un hombre que ha estado viviendo en tiempo normal. Alguien que acelera sólo sus trayectos en metro, las horas perdidas contestando misivas los lunes por la mañana, la cita con el dentista.
***
Quiero dejar constancia de que antes de la instalación común del Saturnex yo estaba muy escéptica: fue él quién me convenció de asistir al menos a la sesión con la terapeuta. Fue ella quién estableció el precedente del uso del dispositivo para manejo de emociones. Con un tono muy profesional, presentó de manera meticulosa el servicio: los sujetos de la prueba, mi pareja y yo, tendrían acceso de manera gratuita a todos los servicios propuestos por el Saturnex, a cambio de libertad para recolectar datos a través del microchip, la aplicación y las sesiones obligatorias de terapia, para el progreso de la investigación médica relacionada con las tecnologías de la percepción del tiempo. El argumento de la terapeuta era contundente. De la mesita reflejante que nos separaba de ella emergieron dos pequeños hologramas luminosos, se abrazaban y se lanzaban besos de forma caricatural.
Estos son ustedes ahora. Sus labios habían dibujado una sonrisa tan enorme que resultaba inquietante. Sin el Saturnex, una relación a distancia de tres años, con una semana de reencuentro por estación —esos fueron los términos de mi contrato en Hong Kong—, tiene apenas un 13% de probabilidades de éxito, según nuestros algoritmos más avanzados.
Mientras hablaba, las figuras holográficas adoptaban diferentes posturas: se alejaban para después reencontrarse, lloraban con sus brazos sin manos cubriéndoles el rostro, una hacía gestos de llamar a la otra, que la ignoraba. Nuestras predicciones anuncian un 30% de probabilidades de que Ágata se quiera quedar en Hong Kong si la empresa le ofrece otro contrato —me miró con un aire decepcionado extrañamente maternal— y un 40% de que alguno, o ambos, inicie una relación paralela.
Sin embargo, el modelo de predicciones mostraba que el uso del Saturnex multiplicaba nuestras probabilidades por tres. Tienen el tiempo en su contra, nos dijo, el Saturnex les ayuda a equilibrar la batalla, acelerando sus cotidianos y volviendo lo menos posible a una percepción no-alterada, esos tres meses se sentirán como si se separaran sólo una semana, es decir como si se vieran una de dos semanas durante tres años, ¿no les parece más manejable? Además, nuestros estudios muestran que una percepción acelerada del tiempo reduce las probabilidades de crear lazos afectivos con las personas y los espacios que nos rodean, es por eso que hemos tenido tan buenos resultados en el uso en la oficina: una percepción acelerada del tiempo en el trabajo aumenta la productividad, evita dramas, rivalidades inútiles, romances.
Confieso que fui yo la egoísta inicialmente; no voy a disfrutar de mi vida allá, siempre soñé con vivir en Asia, replicaba. Les recomendamos que acuerden juntos un número máximo de eventos que disfrutarán en tiempo normal, ofreció la terapeuta. Nos pareció que las indicaciones del manual sonaban razonables: cada quien podría salir de la temporalidad acelerada durante dos eventos importantes por mes, y tendría 24 horas en total para repartirlas en el disfrute de pequeños momentos del cotidiano: una puesta de sol, un paseo dominical, un restaurante reservado con meses de antelación. Creíamos tenerlo todo perfectamente alineado. Con ustedes demostraremos que en el amor no hay tiempo que valga, o en palabras del filósofo Alain Badiou, que “la felicidad en el amor es la prueba de que el tiempo puede acomodar la eternidad”. Firmamos que a mi regreso era obligatorio volver a la temporalidad no alterada pero que la empresa seguiría recolectando datos durante un año entero. Me invitan a la boda, dijo la terapeuta guiñandome el ojo cuando me apretó la mano al final de la primera asesoría.
Me parece que el comité estará de acuerdo en que este experimento demuestra la inutilidad de los contratos, estos fueron los términos firmados, pero la pantalla del celular que tomé por error esa noche revelaba claramente que mi pareja había estado usando el acelerador apenas unas horas al día desde hacía más de tres semanas, un hecho que, como se imaginarán, no pudo haber pasado desapercibido para las personas que estaban a cargo del experimento.
***
Otro componente esencial de nuestro ritual de reencuentro era la ida matutina a nuestro restaurante cantonés favorito para desayunar Tangyuan. Cuando no ordenó Tangyuan esa mañana, a pesar de que tenían el especial de cacahuate y caramelo, su favorito, supe que mis sospechas eran fundadas.
—¿Compartimos unos mejillones? —Fue su primera estocada.
—¿Mejillones? Son las diez de la mañana… —Me pregunté si los hombres podían tener antojos, como las mujeres embarazadas.
—Pero es la hora de la cena en Hong Kong, ¿no? —lanzó dando el coup de grace.
En el momento no supe qué contestar, ni cómo impedir que marcara en la pantalla la orden de mejillones, sin abordar la evidente despedida que se preparaba. Durante nuestro desayuno de reencuentro, siempre usábamos el Saturnex de nuevo, para alentar el tiempo y alargar lo más posible el placer del primer desayuno. La terapeuta nos había enviado un estudio detallando las características más recurrentes entre parejas duraderas, la primera era compartir alimentos.
—¿Ya activaste tu Saturnex? —Hice un gesto para alcanzar mi bolsa: mi última defensa sería la inocencia fingida.
—Espera. —Envolvió mi mano con la suya—. Justo quería hablarte de eso.
Un par de horas después, tal vez las horas más largas que conoceremos en nuestras vidas, quedaba un último mejillón en la olla en forma de concha que había habitado esa mesa con nosotros. Prometimos regresar el tiempo a su caprichoso ritmo cuando se acabaran los moluscos. Ahora el último combatiente yacía al fondo del cazo, frío y ligeramente maloliente. Cuando al fin se hizo el silencio entre nosotros, abrí con un gesto brusco la coraza del bivalvo y engullí su carne chiclosa mientras pedía la cuenta. Me preguntó si quería pedir el Tangyuan de postre, pero yo ya había desactivado mi Saturnex.
ANEXO 3: Breve historia del Tangyuan
En mandarin, la palabra Tangyuan comparte sonidos con la palabra unión. El platillo se sirve en bodas y otras celebraciones familiares, para llenar de dulzura y felicidad momentos de comunión. Se trata de dos o más esferas de arroz que se sumergen en un delicado caldo de jengibre y piedra de azúcar.
Es una receta ancestral que ha sido popular desde hace más de 2000 años en diversas regiones de China. Uno de sus primeros nombres fue yuanxiao, que significa “la primera noche”.
Era el platillo que pensábamos habíamos acordado servir de postre en nuestra boda.
OFICIO No. 92370: Fallo de la solicitud nº 2343-F46 para uso de las funciones de aceleración del Saturnex versión 107.0.5304 durante un periodo superior a 6 meses, bajo el criterio establecido por el art. 30 del Código para la Regulación de la Percepción Temporal.
Señorita Ágata Perlusa,
Esperamos que se encuentre muy bien.
Después de una revisión exhaustiva y considerando todos los aspectos relevantes de su solicitud, lamentamos informarle que hemos decidido rechazar su solicitud nº 2343-F46 para uso de las funciones de aceleración del Saturnex versión 107.0.5304 durante un periodo superior a 6 meses.
Lamentablemente, el Comité ha resuelto que su situación no corresponde a los criterios establecidos por el art. 30 del Código para la Regulación de la Percepción Temporal ya que no es posible determinar que su sufrimiento tenga un pronóstico de vida limitado.
Entendemos que esta noticia puede ser decepcionante y queremos asegurarle que esta decisión no refleja una falta de reconocimiento de las circunstancias presentadas en su solicitud. Le recomendamos explorar otras vías de apoyo que puedan estar disponibles para usted.
Personalmente, me permito sugerirle referirse a otra herramienta que ha sido usada desde hace milenios para aligerar sufrimientos extremos: la poesía. Adjunto a esta carta encontrará un ejemplo, que espero le ayudará a alisar algunas de las aristas de su dolor.
También adjuntamos a este mensaje un código de regalo que le permitirá beneficiarse de una membresía Golden para nuestra nueva aplicación de citas NEXORA “actualiza tu corazón (Versión sin errores)” durante un mes.
Agradecemos su comprensión y le deseamos lo mejor en sus futuros esfuerzos amorosos.
Atentamente,
El equipo de SATURNEX
ANEXO 1: Extractos relevantes del poema Adiós, de Gabriela Mistral
En costa lejana
y en mar de Pasión,
dijimos adioses
sin decir adiós.
Y no fue verdad
la alucinación.
Ni tú la creíste
ni la creo yo,
«y es cierto y no es cierto»
como en la canción.
Que yendo hacia el Sur
diciendo iba yo:
«Vamos hacia el mar
que devora al Sol».
Y yendo hacia el Norte
decía tu voz:
«Vamos a ver juntos
donde se hace el Sol».
Anaïs Ornelas (México) es escritora e investigadora. Ha publicado cuentos en revistas y editoriales mexicanas, españolas y de otras partes de latinoamérica como Colectivero, Vocho Amarillo, Especulativas, Editorial Claymore y Weird Review. Su cuento “Teoría de los universos fecundos” fue seleccionado para la antología Lo mejor de la ciencia ficción mexicana 2024. En 2025, fue seleccionada para formar parte del prestigioso taller de escritura Clarion West. Como escritora de ficción, le interesan las historias de amistad femenina, las narrativas especulativas y los vínculos entre afectividad, poder y cuerpo.
