Después del Sueño de Hierro

ARCHIVO GENERAL DE LA ANTÁRTIDA. Sector de Colecciones Especiales – Memorando del Director de Colecciones: 15/9/25.

Estimados colegas,

Tengo el honor de comunicarles un hallazgo extraordinario que corona décadas de búsqueda archivística: hemos recuperado “La Tierra de Todos”, la pieza que se creía perdida para siempre de la legendaria Colección Benedetto.

Como es bien sabido, las Guerras de los 2020s cerraron la Universidad de las Repúblicas. El Prof. M. Benedetto, gran especialista en ficción especulativa, había logrado reunir en una versión crítica El Cuarteto Sadaji, también conocido como de los vasos comunicantes, considerado una leyenda dentro de la literatura. Sus epílogos académicos, tan valiosos hoy como los textos originales, constituyen la única guía interpretativa de estas obras.

Los cuatro Fanzines:

“La Tierra de Todos” – L. Trotsky (México, 1935)

“La Implosión de los Mundos” – Futabayama (Brasil, 1945)

“El Señor de la Svástica” – A. Hitler (Nueva York, 1953)

“Campo Unificado” – A. Einstein (post-dimisión presidencia de Israel, 1954)

El panorama fue desalentador durante años. De “El Señor de la Svástica” se conserva el texto completo pero falta el epílogo. De “La Implosión de los Mundos” solo existe el epílogo de Benedetto, mas no el texto original. “Campo Unificado” está completo salvo dos páginas cruciales que afectan el final del texto y el principio del epílogo.

“La Tierra de Todos”, del ucraniano refugiado en México, se consideraba perdido del todo —junto con las repúblicas—. Su recuperación, más el epílogo completo de Benedetto, es una noticia extraordinaria. Por primera vez en décadas, la quimera de poseer la colección íntegra deja de ser un sueño imposible para convertirse en una ambición legítima. La esperanza renace: quizás otros archivos secretos, otras bibliotecas clandestinas, otros refugios del saber conserven aún los testimonios dispersos de aquellos visionarios que, desde el exilio, imaginaron futuros que jamás llegaron a ser.

En estos tiempos de hegemonía corporativa, preservar estas visiones alternativas no es solo un deber archivístico, sino un acto de resistencia intelectual.

Encuentren anexa la descripción completa del documento recuperado. Se procederá inmediatamente con la digitalización.

Atentamente, Director de Colecciones Especiales: …

[Portada]

León Trotsky LA TIERRA DE TODOS un cuento de ciencia ficción

[Primera Solapa]

León Trotsky nos transporta a una Tierra del futuro donde el Proyecto Afrodita representa la última esperanza de una sociedad post-apocalíptica amenazada por grupos fanáticos. Un mundo donde la ciencia y la música pueden ser la clave para derrotar los últimos resabios del individualismo y el fascismo. Escrito en 1935 pero mantenido inédito por el autor hasta su muerte, “La Tierra de todos” fue finalmente publicado en 2008 tras su descubrimiento casual en los archivos personales del escritor. Los especialistas en literatura especulativa consideran esta obra fundamental para comprender las utopías comunistas del siglo XX. Esta nueva edición incluye el epílogo académico del Prof. M. Benedetto, de la Universidad de las Repúblicas, convirtiendo el volumen en documento indispensable para estudiosos del género.

[Segunda solapa]

OTROS CUENTOS DE CIENCIA FICCIÓN DE León Trotsky EN Editorial Incógnita:

EL EMPERADOR DEL VACÍO

LOS CONSTRUCTORES DEL MAR

EL FIN DE LA GUERRA

EL CREPÚSCULO DE LA MISERIA

LA SAL DEL ESPACIO

LA RAZÓN DORADA

LA MONEDA DE MIL AÑOS

EL TRIUNFO DE LOS DE ABAJO

EL FUTURO YA NO ES LO QUE SOLÍA SER

[Cintillo]

Compruebe personalmente por qué tantos lectores han acudido a las páginas de este cuento tan sin par en su género, como un rayo de esperanza en tiempos tan sombríos y terribles como los nuestros.

[Contraportada]

León Trotsky nació en Ucrania el 17 de noviembre de 1879. Intervino en actividades políticas antes de emigrar a Nueva York en 1916, donde comenzó a trabajar como ilustrador de revistas e historietas. Su evolución artística fue meteórica: del cómic a la narrativa ilustrada, y finalmente a la ciencia ficción pura. En 1929, ya con dominio del lenguaje visual, publicó La Revolución permanente, una novela ilustrada que le valió el reconocimiento internacional y la posterior invitación, en 1930, a radicar en el barrio de Coyoacán en México. A unos meses de cumplir 100 años, Trotsky murió tranquilo mientras dormía, una gélida mañana de febrero de 1978. Décadas más tarde, en la Convención Mundial de Ciencia Ficción de 2008, salió a la luz un cuento redactado en 1935 que el autor, por razones que siguen siendo desconocidas, dejó inédito. Se trata de “La Tierra de Todos”, que encuentra aquí una nueva edición.

[Texto]

En completo silencio, el tren magnético de Leningrado se detuvo frente al limpio patio de la estación de Pornous con un retraso de 47 segundos. Del vehículo computarizado descendió un variado surtido de criaturas aproximadamente humanoides que exhibían la acostumbrada diversidad de colores de piel, partes del cuerpo y modos de hablar. Entre las prendas coloridas que en general exhibían deliciosos trabajos manuales, se notaban los Al-is, indispensables para navegar la red en comunicación abierta con la supercomputadora. Una extraña sensación, combinación de las recientes circunstancias, rodeaba a los mutantes mientras pisaban las hermosas losas del patio hacia el edificio inteligente. La estación central era la avanzada del Proyecto Afrodita.

De la cabina del vehículo emergió una figura de sorprendente e inesperada intensidad: un músico. Tenía los cabellos pajizos, la piel blanca y los ojos negros y profundos. Por supuesto, contaba la mutación conveniente: manos con seis dedos (dos pulgares). La presencia de un músico generaba una enorme expectativa. Para los Bolsistas representaba envidia y codicia. Eric Rem parecía, en todos los detalles, el músico genotípicamente favorecido que de hecho no era. Aunque sabía tocar magníficamente el violón, su pasión estaba en la ciencia de la genética. De todas formas, Eric llevaba su instrumento y hacía todo lo posible para no entrar en la eterna discusión acerca de si era o no un desperdicio no aprovechar una mutación ventajosa.

Lo cierto es que lo ocupaban asuntos más serios. Lograría volver la espalda tanto a los discursos del humano genotípicamente puro de los Hijos de la svástica como a los discursos del regreso del bien privado de los Bolsistas, cada vez más frecuentes en su ciudad natal. Finalmente habría de promover sus propias ideas. Se trataba de disminuir los últimos resabios de miseria, que de algún modo constituían la causa última de todo mal social.

La estación central era no menos que una perfecta colmena solar, construida con materiales que maximizaban la utilidad de cada joule de energía invertido en ella. Esta atractiva construcción era la alegría de los habitantes de Pornous: la sala principal llevaba al salón de la supercomputadora, y por cada puerta aledaña se abría un túnel-entrada que conducía a museos de todo tipo. Entre los diversos museos, los más frecuentados eran claramente los que recreaban la vida de las civilizaciones anteriores: las salas del fuego de los antiguos y el inicio de la era mutante.

De la gente que lo acompañó en el viaje, la mayoría ya había partido a algún museo. Los pocos restantes lo acompañaban en la sala, albergando la esperanza de llegar a escuchar su instrumento. La música electrónica dominaba el ambiente desde hacía tanto tiempo, que la mera presencia de un instrumento acústico creaba revuelo.

Tocó su turno 82 segundos después de la hora convenida. Lo recibió el comité de diez especialistas. El comité no era estático, cambiaba cada tanto según la famosa función W de recombinación, que aseguraba el seguimiento de los proyectos por una parte y evitaba la obnubilación ante las ideas por otra. La sorpresa de Eric fue enorme cuando vio las mutaciones que componían al comité. Cinco de sus miembros eran simples tornacromados. De los restantes, uno era una lastimosa bolsa de coágulos y tumores, un individuo que debía haber vivido en dolor cada instante de su existencia. El segundo era un patas-de-insecto embadurnado en sus propias secreciones amarillentas. El tercero de ellos era un mutante completamente deforme, combinación de todos los anteriores; incluso tenía una segunda pequeña cabeza de lagarto que no se había acabado de desarrollar. Los últimos especialistas eran los que preocupaban a Eric: uno tenía la apariencia típica de bolsista, un hombre-cerdo-verrugoso con la mutación característica de los ojos dentro de un par de bolsas viscosas. El otro era un doberman-albino puro, cuya rabia reprimida apenas podía ser disimulada; incluso llevaba una visible svástica tatuada al cuello, lo que lo convertía en un militante del partido de los hijos de la svástica. ¿Cómo un “hombre” así, tan parcial, tan rabioso, tan sediento de dogmas, podía haber llegado a ser un especialista del comité?

Las palabras de una de las especialistas tornacromadas lo sacaron del trance en el que estaba metido: “Conciudadano, ahora realizaremos su estudio”.

Rem disimuló su preocupación lo mejor que pudo y se cercioró de que la comunicación intercraneal de su Al-is estuviera en modo corteza. Hizo red con los Al-is del resto del comité y se conectó directamente a la supercomputadora, que de inmediato empezó el reconocimiento del proyecto, su viabilidad y alcance. El proyecto era muy puntual: se limitaba a corroborar el resultado de un estudio previo realizado con la supercomputadora en Leningrado. Básicamente, el estudio consistía en descifrar si la mutación de una proteína específica implicaba o no la tendencia obligatoria del portador hacia una ideología fanática de corte individualista.

Para Rem era imprescindible destruir el discurso de los hijos de la svástica desde la raíz: no podrían hablar de la superioridad del auténtico genoma si, justamente, un mar de mutaciones había hecho que deficiencias de su genotipo fueran la causa de semejante discurso.

Le parecía sustancial saber a ciencia cierta si aquello que se presentía era verdad o no. ¿Mutaciones específicas orillaban a sus portadores a la adopción de ideologías? Tal vez no las obligaban, tan sólo las favorecían. Incluso así, saberlo implicaría una gran diferencia. Como músico había conocido a innumerables tipos de audiencia. Ser intérprete le daba la posibilidad de corroborar sus estudios sociológicos. Sus conclusiones empíricas eran que no había habido una sola manifestación violenta en la que no estuviera directamente involucrado un mutante doberman albino. Detrás de toda campaña individualista siempre estaba un individuo con mutación bolsista. Incluso el lenguaje le daba la razón: por eso la gente llamaba bolsistas a cualquier individuo, no importando su mutación, que sostuviera un discurso monetario.

Microsegundos después, la supercomputadora empezó a hacer las previsiones de posibles escenarios. Tardó algunos minutos, pero devolvió a los especialistas un mapa general del alcance social del estudio bajo la leyenda “Inviable: supone estallido social”. Tocaba a los especialistas, según el protocolo, aplicar la exhaustión. Retroalimentaron la supercomputadora desde sus Al-is una y otra vez, hasta que después de una hora de intenso proceso analítico el resultado ya se podía considerar definitivo. La sorpresa de Rem fue grande: el nuevo holograma tridimensional era distinto, la leyenda ahora decía “Viable: supone contento social”. Durante una hora entera los Al-is de cada persona estarían sondeando a su interlocutor para construir una densa red de datos; la supercomputadora los procesaría y en dos horas a lo más se sabría en detalle el resultado del estudio.

Eric se emocionó por la aprobación del proyecto. Más grato le fue aún ver que ningún especialista mostró alguna reacción fuera de lo normal. Incluso el hijo de la svástica actuó conforme al protocolo. Si resultaba cierto que algunas mutaciones implicaban la adquisición de ideologías egoístas, sería mucho más fácil desarticular los discursos de odio. Bajo la nueva mirada, los líderes de los grupos de choque, por ejemplo, serían considerados simples enfermos. La preservación del Proyecto Afrodita quedaba casi asegurada. A cada sujeto que naciera con esta mutación se le podría dar una terapia genética de por vida que lo ayudase a tener una mente flexible, lejos de tan indeseados efectos individualistas.

Eric decidió esperar en Pornous las tres horas que requería el estudio. Los resultados se harían públicos a través de los Al-is, así que realmente no necesitaba estar allí, pero decidió quedarse y disfrutar de su estadía.

Durante estas tres horas Eric notó preocupado que los grupos de Bolsistas estaban mucho más adelantados en su inserción en la vida cotidiana de lo que él temía. En la entrada del museo del fuego de los antiguos, había un bolsista verrugoso que gritaba exhortaciones numismáticas: “¡Nunca sabrás cuánto vales hasta que te pongas un precio! ¡Nunca sabrás cuánto cuestas hasta que sepas venderte! ¡No vales nada si no puedes comprar nada! ¡No eres nadie si no sabes venderte!”. Detrás de él, un grupo de cretinos insistía en hacer valer unas cuentas de rubidio como monedas. Incluso habían hecho que un grupo de mutantes sapo se peleara por un supuesto pedazo de cráneo de hombre antiguo libre de mutaciones. Por supuesto, un grupo de los hijos de la svástica vigilaba la situación. Cada vez era más común que las disputas aumentaran en intensidad. Por fin un hombre sapo se hizo del pedazo de cráneo y, con voz estentórea, aceptó que de ahora en adelante usaría dinero.

Los bolsistas cambiaron de sala y, al instante, uno de los hijos de la svástica aprovechó para reventar a golpes al pobre mutante sapo. Un golpe del siniestro mazo de acero que llevaba fue suficiente para arrebatarle tanto el supuesto pedazo de cráneo de hombre auténtico como la vida. Eric corrió a socorrerlo, pero la intensa mirada del grupo fanático lo obligó a detenerse. Eric se limitó a cargar lo más rápido que pudo en su Al-is la insólita noticia: el primer robo y asesinato desde hacía más de 100 años de paz social.

Desde la fundación del Proyecto Afrodita no se tenía noticia de algo así. ¿Para qué robar si todos tenían lo esencial? ¿Por qué matar, si había mil y un formas de descargar la rabia, mil y un maneras de resolver los conflictos, mil y un instancias para sublimarse? Con la implementación del Proyecto Afrodita, Pornous era una ciudad con increíbles avances tecnológicos; ningún humano hacía ninguna tarea infructuosa. Las máquinas hacían todo el trabajo “duro” o indeseable, desde limpiar la ciudad hasta conseguir y distribuir los alimentos y energéticos. Los habitantes de Pornous se podían dedicar exclusivamente a cultivar sus mentes, sus cuerpos y sus emociones sin necesidad de preocuparse por su subsistencia. Todos los habitantes eran responsables de este bienestar al trabajar intensamente como diseñadores de nuevos implementos tecnológicos para solucionar cualquier problema que surgiese. La única manera de que en un mundo así alguien eligiera el crimen o el dinero era porque debía estar enfermo.

La gente quedó petrificada de miedo ante el evento. Nadie esperaba semejante brutalidad y la novedad los rebasaba. El grupo fanático aprovechó esta circunstancia: los hijos de la svástica encontraron en el ladrón y asesino a un líder nato, que de ninguna manera permitirían que fuese procesado. A través de los Al-is se transmitían las imágenes del grupo gritando enfáticamente “¡Hail Jaggar!” mientras saludaban marcialmente con el brazo rígido al hierático sujeto que portaba victoriosamente el pedazo de cráneo en una mano y un asqueroso garrote de acero ensangrentado en la otra.

Los Al-is anunciaron dos resoluciones de la supercomputadora: Una mutación en el cromosoma 7 de los sujetos conocidos como Bolsistas alteraba la producción de neurotransmisores en el córtex prefrontal, incapacitándolos para pensar en términos que no fueran acuerdos mercantilistas. Una mutación en el lóbulo temporal de los sujetos conocidos como Doberman albino afectaba los centros de empatía, incapacitándolos para pensar en términos altruistas o de convivencia con terceros. Individuos así estaban obligados a maltratar a terceros pensando que velaba por intereses personales o de sus cercanos.

¡Qué fácil se había vuelto todo! Qué enorme simplificación. No se trataba de una salvaje guerra ideológica ni de un brutal choque de cosmovisiones: esto se reducía a un simple asunto de salud pública. Estas personas estaban enfermas. Las mutaciones los obligaban a llevar las ridículas ideologías que profesaban. Los Doberman albino serían fascistas mientras no se medicaran. Mientras no recibiesen tratamiento, los Bolsistas estarían por siempre intentando que la economía se basase en el dinero en lugar de los recursos.

Eric gritó a voz en cuello: “Gente de Pornous, estas personas tienen una deficiencia proteínica severa que los obliga a actuar como criminales. Hay que someterlos, pero no para lastimarlos ni mucho menos para erradicarlos, simplemente para que reciban el tratamiento que tanto necesitan y que les permita ser parte del Proyecto Afrodita”. El grito rompió el miedo. Las personas, convencidas de la verdad que escuchaban, actuaron de manera coordinada y lograron controlar a los brutales sujetos.

La situación mejoró cuando en los Al-is apareció otro comunicado: extrañamente, el Doberman Albino del comité de especialistas anunció que pronto tendría lista una terapia para tratar la mutación de la proteína en cualquier sujeto. La gente se puso feliz. Eric Rem se dejó llevar y sacó su violón. Mientras tocaba melodías festivas cada vez más frenéticas, sintió que el sonido y la gloria le saturaban la mente con un fuego de alegría. La sangre le latía en las venas con tanta fuerza que tuvo la impresión de que la economía nunca más estaría basada en el dinero. No solo eso: ningún grupo fascista se haría del poder y el cultivo del ego quedaría desterrado; nada detendría la construcción permanente del Proyecto Afrodita.

[Epílogo]

Comentario a la Tercera Edición

León Trotsky nació en Ucrania en 1879, el quinto hijo de una pareja judía no religiosa de terratenientes. Pronto se adhirió al marxismo y participó en la fallida revolución de 1905. En 1917, mientras trabajaba en Nueva York, lo tomó por sorpresa el movimiento de febrero; intentó regresar a Rusia en mayo pero no pudo. Nunca más habría de volver. La fallida revolución comunista del 17 le afectó profundamente, desde entonces se despidió de la escena política. Sabemos lo que siguió: la Alemania victoriosa de la Gran Guerra se hizo del continente por veinte años hasta que fue destruida por las bombas atómicas estadounidenses “Ugly Girl” y “Niky”, lanzadas en 1930 sobre Dresden, lo que hoy es VW-Didas Corp. Este evento, rebautizado como el fuego de los antiguos en la obra, fue la gota que derramó el vaso para un Trotsky demasiado cansado del fanatismo capitalista yanqui. Se exilió ese mismo año en México, donde pasó su tiempo restante. Falleció en 1978 de muerte natural. Otros piensan que murió de tristeza ante el desvanecimiento del estado americano a causa del surgimiento de la USA Corporation.

Muy poco se sabe hoy del Comunismo, que desapareció tras el fracaso de 1917 y que la hegemonía yanqui terminó por convertir en un tema académico. Sin embargo, parece que los comunistas previeron con mucha anticipación las maquinaciones fascistas del imperio alemán y estadounidense. Así, el escenario de “La Tierra de Todos” nace directamente de las obsesiones anticapitalistas de Trotsky: ¿qué hubiera pasado si un genuino movimiento comunista hubiera derrotado al fascismo y al capitalismo en fase temprana?

El protagonista del cuento, Eric Rem, resulta el héroe que León Trotsky quiso ser: un exitoso revolucionario que detiene a tiempo la maquinaria fascista, evitando por una parte un holocausto y, por otra, la apropiación del mundo por los capitalistas.

Las similitudes entre los hijos de la svástica y la Alemania de Hindenburg son obvias. Por otra parte, los Bolsistas aspiran a que todo tenga un precio y sea vendible, del mismo modo en que las corporaciones actuales lo hacen con el agua, el aire y, desde hace diez años, la Helios Corporation con la energía solar.

El Proyecto Afrodita parecería representar una humanidad renacida que nunca existió. Una realización de los deseos de Trotsky o, quizá, el mundo comunista que imaginó como joven ruso. Por supuesto, el mundo de “La Tierra de Todos” es el producto de una antigua guerra atómica; quizá la descripción de esos descendientes genéticamente deformes es sencillamente una forma de advertencia o incitación para no olvidar nunca el ataque atómico estadounidense.

No es extraño que Trotsky no haya querido publicar “La Tierra de Todos”: la trama, la escritura, todo es ingenuo. Sobre todo mueve a risa el final feliz, tan desesperado, en el que la gente baila y canta en torno a su héroe. Sin embargo, es necesario decir que esta particular fantasía política toca una cuerda muy sensible en el corazón de todos los latinoamericanos. Sobre todo ahora que sólo en Sudamérica se alzan repúblicas ante el dominio total de las mega-trans-corporaciones en el globo y la Luna. Incluso va directo a nuestra más cara ambición: alcanzar la paz mundial mediante tecnologías benéficas.

Prof. M. Benedetto, Cuarta República, 2010.

Alan Heiblum (México) es físico (2009, UNAM) y doctor en Epistemología e Historia de la Ciencia (2014, UNTREF). En 2015, realizó un posdoctorado en la Universidad de Cambridge, Reino Unido, sobre pluralismo. Su obra literaria abarca ensayos, cuentos y poesía. Es autor de dos antologías de cuentos: Inventario de un incendio (2023, Ficticia y Universidad Veracruzana) y Alegoría real (2025, Editorial Imaginaria). Entre los reconocimientos recibidos destacan: Segundo lugar en el Premio Poniatowska de Cuento 2025, Segundo lugar en el Concurso de poesía Escritores contra el Genocidio y Primer lugar en el Premio Limaclara Internacional de Ensayo 2020.

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