NO. 3 (ABRIL 2026) / FICCIÓN / 1,429 PALABRAS
Opinión del cliente
★★★★★
Excelente servicio
Amigas, es neta: esta nueva generación de juguetes sexuales llegó para cambiar el mundo. Hace un tiempo les dejé por aquí la reseña del primer satisfyer, un dildo con una ventosa que se pegaba al clítoris y ronroneaba como un gatito. Luego les hablé del satisfyer pro 6, que cambiaba de color según la fase del ciclo menstrual. Estaban chidos, no les voy a mentir (y creo que desde que me aficioné a ellos dejé de necesitar a Augusto), pero seguían siendo falos robóticos. Lo de ahora es totalmente distinto. Con el nuevo bio-satisfyer no siento que me esté masturbando con un apéndice de mi ex, sino con algo más. Algo que no es de este mundo.
He estado investigando, pero los creadores (¿o las creadoras?) del bio-satisfyer no dejaron rastro alguno. Hay quien dice que es una artista japonesa que le rinde homenaje a un tal Hokusai; otros, que lo fabricó una secta woke para terminar de castrar al patriarcado. Lo único que he logrado averiguar es que cada día más y más mujeres se lo están poniendo y ya no se lo quitan. Lo traen debajo del pantalón, y no se les nota, son muchas las que lo están usando en secreto. Van con él al trabajo, se duermen con él, ni siquiera necesitan quitárselo para hacer del baño. Siempre y cuando se lo puedan quitar todavía, claro. Porque el bio-satisfyer no es sólo un juguete sexual… Bueno, no quiero darles hueva, así que pasaré a contarles mi experiencia.
Cuando el dron repartidor me lo trajo a la puerta de mi casa me llamó la atención que no venía embalado en una caja común y corriente, sino en una especie de pecera. Si no me creen, las invito a que me sigan en mi Insta, ahí está subido el video del unboxing que hice aquella mañana. Bueno, les decía que me llegó en una pecerita, como si se tratase de un gupi o un ajolote. En cuanto abrí la tapa me enamoré de él. Sus pequeños tentáculos, articulados biomecánicamente, se prendaron luego luego de mis manos. Su viscosidad se infiltró por los poros de mi piel. Su boquita, ese pico resbaloso que no deja de buscar alimento, me mordió el dedo meñique y comenzó a succionarlo. No me dolió, y si lo hizo, fue el dolor más rico que he sentido. Lo fácil sería decirles que es un pulpo artificial cuya boca se acopla con el clítoris y cuyos tentáculos siempre húmedos se meten y se inflan y se retuercen en la vagina y en el ano, escarbándote hasta extraerte la más pura gota de placer… Pero no le estaría haciendo justicia a su coqueta monstruosidad. A su coloración como de aurora boreal. Si quieren hacerse una idea más clara, pueden checar las fotos de mi Insta. Háganlo cuando sus novios o esposos no las estén vigilando, porque me consta que los hombres se ponen a temblar cuando están frente al bio-satisfyer. Toda su hombría se les viene abajo al ver al pulpo robot. En el fondo saben que no podrán competir con tan maravillosa criatura. Esa misma mañana en que me lo puse por primera vez, cuando un orgasmo eléctrico me atravesó y me dejó temblando y riéndome como loca en el piso, Augusto agarró sus cosas y huyó para siempre con su amante. Estaba horrorizado. Cuando todavía cogíamos, él a duras penas lograba sacarme algún gemido; yo era siempre la que me hacía venir. Pero los dos salimos ganando: él por fin tuvo los huevos de dejarme por la otra, y yo me quedé a solas con el amor de mi vida, este molusco tecnológico. Así que fue un final feliz. O al menos lo fue por un tiempo, porque ya me llegaron los chismes de que Andrea, la chavita por la que me dejó, tampoco consigue quedarse embarazada. Justo como a mí me sucedió por casi diez años con él… Discúlpenme, ya me estoy yendo por las ramas. Paso a explicarles cómo se usa el producto.
Lo más importante es que coloquen bien el empalme neuroctópodo. Es una especie de chip con pelitos, que respira y toda la cosa, y que deben pegarse muy bien en las sienes. El empalme neuroctópodo traduce las señales neuronales del cerebro femenino al código del bio-satisfyer para que ambos estén todo el día conectados. Si tú no quieres, él no se desprenderá. Podrás ir al gym, y de ahí a la oficina, y de ahí al tianguis sin necesidad de retirártelo. Sus ventosas adiposas casi no se sienten, y después de un rato es fácil acomodártelo en el calzón. La neta es que te da mayor seguridad. He llegado a soñar que me quieren violar y que no pueden porque el bio-satisfyer me protege. Que le salen unos colmillitos como de tarántula y arrancan de un mordisco el pito de mi agresor. Lo mejor es cuando estás en tu periodo: ya no necesitas ponerte compresas, el pulpo se traga toda tu sangre y la usa para recargar su pila. En esos días, sus tentáculos reptan por tu vientre y te dan un masajito relajante para aliviar el dolor. Hay algunas chicas que aseguran que el bicho libera una sustancia sintética que actúa a manera de analgésico, o hasta de antidepresivo, pero la neta no lo sé.
De lo que sí estoy segura es que el bio-satisfyer avanzará hasta donde se lo permitan. Hay mujeres, como yo, que tenemos un vínculo total con él. Para nosotras, él es eso que nos dijeron que era un marido. Pero hay otras que le ordenan desacoplarse la mayor parte del día, que sólo lo usan para lo que fue diseñado: darte unos orgasmos con los que ni en tus mejores sueños habrías fantaseado. Esto tampoco puedo describirlo, ustedes tienen que experimentarlo por sí mismas. Sólo diré que, en mi caso, cuando le pido que ejecute su función primaria, me aseguro de estar sola, en mi casa, con las ventanas cerradas, porque me hace dar unos alaridos capaces de alertar a la policía. Aunque me vengo muy rápido, la percepción del tiempo es rarísima. Veo en mi celular que no ha pasado sino un minuto o minuto y medio desde que él comenzó a succionarme, pero en mi cabeza siento como si hubiese estado la noche entera retozando en los brazos del mejor de los amantes. Porque la energía orgásmica que él y yo liberamos retumba en la bóveda celeste y electrifica el espacio exterior. Porque, como un eco en una caverna infinita, el placer retumba en nebulosas a millones de años luz, en sistemas solares al otro lado de la galaxia, en lo que yace al fondo de un hoyo negro. Mi venida es un grito que resuena por la eternidad y dura eones replicándose en todas las cuerdas del multiverso… Discúlpenme, ya me puse medio cósmica, tengo que hablarles de los efectos secundarios.
No les voy a mentir: he abusado del bio-satisfyer. Decidí ya no quitármelo nunca. No es que me haya vuelto adicta a él, es que él y yo somos un mismo ser. Un mismo ser de chips y clítoris y tentáculos. Y no me arrepiento, en lo que me he convertido es lo mejor que me ha pasado en la vida, pero allá cada una. Chicas: si están a gusto con quienes son, si sólo lo quieren para obtener placer, si les gusta sentirse mujeres y humanas, nunca olviden ordenarle que se desacople. De lo contrario, si lo traen puesto por semanas y meses y años (¿cuándo fue la última vez que me lo quité?), llegará un momento en que el empalme neuroctópodo sea total. Irreversible. No habrá diferencia entre ustedes y el bio-satisfyer. A mí me pasó. De hecho, escribo estas palabras con su ayuda. Mi escritura es la tinta del pulpo. Mis sueños son en ocho dimensiones y debajo del mar…
¿Que cómo lo sé? Bueno, lo sé desde hace nueve meses, cuando comenzó a crecerme esta panza de embarazada que por las noches brilla con bioluminiscencia. Cuando la cabeza del pulpo que llevo entre las piernas empezó a hincharse como si le brotase un tumor o una placenta. Cuando probé a ordenarle que se desacoplara y eso sólo aumentó nuestro abrazo. Cuando él y yo comenzamos a gestar este hijo inhumano. Este hijo o hija o hije que está por nacer y que los dos pariremos. Este hije sin padre, cuyo aspecto e intenciones ignoramos. Este hije que no es de este mundo.
No duden en adquirir el suyo.
Pedro Martín Aguilar (México). Es autor de Cuentos para el fin del mundo (Premio Nacional de Narrativa Gerardo Cornejo 2018) y de varios poemarios, entre los que destacan Bitácora extraterrestre (2019), Matrioshka (Premio de Poesía Joven UNAM 2020), Paternación (2024) y Bazar de ausencias (2025). Fue reconocido con el Premio Internacional Gerardo Diego de Investigación Literaria 2024.
