ficcion

El lomo santo de la Tierra

En un último acto de rebeldía, quizá queriendo librarse del karma de su nombre y de la traición que implica, la Malinche fue el único volcán que no explotó.

No explotará. De esto me convenzo mientras guardo la pistola de mi padre en la mochila, amarro el paliacate alrededor de la cabeza —así cubriendo nariz y boca—, y encaro la carretera. En el horizonte, el abismo: una infestación de pústulas plomizas que han exterminado al cielo mismo. Son todos los gases acumulados en la atmósfera, burbujeando de manera casi mansa.