ficcion

El primer viaje del Transamericano

Dicen que encendieron fuego en las montañas. Todavía no se sabe si fue un accidente humano, un acto de protesta o una casualidad. Después de tantos años de campaña para salvar el Darién, preservar esos kilómetros de tierra y cambiar el curso del Transamericano, después de todo eso, la selva está ardiendo y el humo desciende desde las montañas hasta el mar. A pesar de que tenemos prohibido abrir las ventanillas del tren desde que salimos de Medellín, el aire huele a quemado, como si estuviéramos saltando una hoguera. Los pasajeros no dejan de quejarse del dolor de cabeza, la resequedad de la garganta y el picor en los ojos. Solo podemos esperar a que pasen las cuatro horas del cruce marítimo y no llevamos ni la mitad.