ficcion

Clase uno

Como cada mañana, abre los ojos y permite que sus pupilas acunen los primeros rayos de un sol que, como ella, responde al llamado del deber. Ese instante, cuando abandona el sueño para entrar a la vigilia, marca el final de lo único suyo, por eso lo hace despacito, como si le diera tiempo al universo para existir, partícula por partícula.