ficcion

El filo y el acertijo

A la una de la tarde, alguien tocó por tercera vez la puerta de la oficina y yo empecé a sentir un gusto amargo en la boca, como si me fumara un cigarro encontrado en el bolsillo de un abrigo viejo después de quedarse en el ropero durante todo el verano. No reconocí el toquido, pero con certeza pertenecía a un señor. Eché una ojeada por la ventana, el sol hacía brillar la lámina de los carros y sacaba destellos de los parabrisas sucios.