Las estaciones del vacío
El cielo se volvió lento aquel día. No era un atardecer, ni una tormenta. Era algo más profundo: las constelaciones parecían resbalar unas sobre otras, como si el tejido del espacio estuviera comenzando a derretirse. Para Lyh-Tel, eso solo podía significar una cosa: el universo estaba mudando de estación.
