Una glitch de la nueva teølogía
Con el atardecer púrpura como telón de fondo, Alia escuchó el canto aflautado de un zorzal. No le costó encontrar su silueta, estaba posado sobre las ramas de un quillay. Ella esperaba la llegada de los demás adolescentes, no en el punto de encuentro mismo, sino en una meseta lejana. Le gustaba fisgonear a sus compañeros cuando no la veían. Parecían más auténticos.
