Sacrificio
—¿Te duele mucho, mamá? —La voz llega como una burbuja desde el margen del río. Es Ikal, quien se limita a remojar los pies en la ribera. El niño mira a su madre con terror; por la ansiedad que le provoca no saber en qué ocupar las manos, las mantiene juntas. Juega con sus dedos en movimientos erráticos y nerviosos. Acaba de descubrir un enemigo en su cuerpo de ocho años. Se siente vulnerable y teme porque sabe que su edad y tamaño juegan en su contra. Además, apenas ha dormido y sus entrañas están vacías.
