ficcion

La carretera transoceánica

La carretera transoceánica evocaba a un dragón milenario, atemorizante, quizá inagotable, sinuoso sobre atolones y escollos, firme entre el cielo plomizo y las aguas oscuras. Moles de hormigón con acero trazaban aquella ruta que subía o bajaba a capricho, primero zambulléndose en segmentos submarinos, luego desplegando varios kilómetros sometidos al sol. Percebes y cristales salinos se hallaban acumulados alrededor de las gigantescas columnas que sostenían la magna estructura. Un oleaje embravecido golpeaba contra sus muros de protección, alcanzado a salpicar un poco de espuma hasta los carriles yermos. Las burbujas resplandecían en charcos y reventaban al paso de Babel y Arpa cabalgando.