Ignis y el Viajero
El cuentista se sube con evidente esfuerzo a una de las siete rocas de la Plaza de las historias. Se sienta y observa algún punto más allá de los que estamos aquí para escucharlo.
El cuentista se sube con evidente esfuerzo a una de las siete rocas de la Plaza de las historias. Se sienta y observa algún punto más allá de los que estamos aquí para escucharlo.
Ya que fenezco les canto
mis versos crepusculares,
a las criaturas y lares
que me honran con su llanto.
Cielos que me han dado tanto,
velen que ya me marchito.
Mala hora, infame hito,
mi fuego se apagará,
y pronto regresará
aquello que fue proscrito.