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Mnemovirus de Parasoma Humano

—Mi nombre es Limo y soy paciente de MnPH SARS 56.

—Hola, Limo —respondieron todos en coro.

—¿Cómo lo conociste y qué te enamoró de él?

—Lo conocí por Tinder —dije—. Me dio por pagar la opción de coquetear con personas en otros países y lo conocí.

Era absurdo. Sabían lo que yo estaba por decir, pero no se cansaban de escuchar la misma historia; me miraban con tanta atención e interés que daba un poco de miedo.

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Una glitch de la nueva teølogía

Con el atardecer púrpura como telón de fondo, Alia escuchó el canto aflautado de un zorzal. No le costó encontrar su silueta, estaba posado sobre las ramas de un quillay. Ella esperaba la llegada de los demás adolescentes, no en el punto de encuentro mismo, sino en una meseta lejana. Le gustaba fisgonear a sus compañeros cuando no la veían. Parecían más auténticos.

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La balada del pastor

Los Señores de las Estrellas llegarán al quinto día.

Para algunos es mucho tiempo, una espera ansiosa. Sin embargo, no tanto teniendo en cuenta todo lo que hay que hacer. Al menos, si queremos hacerlo con cuidado. Si queremos estar preparados.

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Come, por favor, otro mejillón

Declaración de motivos para uso de las funciones de aceleración del Saturnex versión 107.0.5304 durante un periodo superior a 6 meses, bajo el criterio establecido por el art. 30 del Código para la Regulación de la Percepción Temporal.

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Después del Sueño de Hierro

“La Tierra de Todos”, del ucraniano refugiado en México, se consideraba perdido del todo —junto con las repúblicas—. Su recuperación, más el epílogo completo de Benedetto, es una noticia extraordinaria. Por primera vez en décadas, la quimera de poseer la colección íntegra deja de ser un sueño imposible para convertirse en una ambición legítima. La esperanza renace: quizás otros archivos secretos, otras bibliotecas clandestinas, otros refugios del saber conserven aún los testimonios dispersos de aquellos visionarios que, desde el exilio, imaginaron futuros que jamás llegaron a ser.

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Naves imposibles hacia la luz

La nave estaba hecha de cartón.
No eran más que retazos de cajas que había encontrado en la basura. Sabía que necesitaba de las más fuertes, aquellas que pudieran resistir la fuerza centrífuga que se requería para elevarse por los aires, para moverse con velocidad inaudita, para traspasar los límites del tiempo y el espacio. Recorrió el basurero y tocó en las puertas de los vecinos habituales para preguntar “¿No tiene basura?”, y de paso ganarse unos pesos mientras pepenaba los materiales que pudiera necesitar. Se las ingeniaba para siempre llevar consigo ese viejo Walkman y la cinta llena de canciones de rock urbano que sonaba sin parar. Soy un perro negro y callejero, sin hogar, sin hembra y sin dinero.

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Yo en tu lugar me suicidaría a los veinte

Puse la soga alrededor de mi cuello y le di unos cuantos tirones. ¿Dolería mucho? Imaginaba cómo sería yo en el día de mi muerte, con mi cuello azul como un moño de gala y el porte esperado del rigor mortis. Si me robustecía, el peso de mi cuerpo haría sucumbir a la soga, matándome más rápido; si me colgaba antes de terminar mi crecimiento, se añadirían unos segundos a la espera de mi muerte.

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Destierro

He tenido la misma pesadilla desde que salimos de casa hace tres noches: el mar se eleva como una masa densa, negra de agua, como si un pedazo del cielo estrellado emergiera desde el fondo más oscuro del océano y no se desprendiera de esa oscuridad. El agua condensada, igual que una pared, tiene grietas y agujeros diminutos por donde se alcanzan a ver luminiscencias incandescentes. Por un momento las confundo con estrellas, pero después recuerdo que el mar está lleno de restos de animales, plantas y humanos intoxicados de Zerimbrosa que fulguran como si fueran bioluminiscentes, pero en realidad son fuegos fatuos que destellan radioactividad y quién sabe qué más.

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