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A las puertas de Hel

Tras meses de andar por senderos de afilada roca, en medio de inmensos glaciares, dejó ver una sonrisa en su rostro. Se acercaba a su destino. A lo lejos escuchaba las sombrías aguas del Giöll y pequeños destellos dorados le indicaban la ruta a seguir.

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El lomo santo de la Tierra

En un último acto de rebeldía, quizá queriendo librarse del karma de su nombre y de la traición que implica, la Malinche fue el único volcán que no explotó.

No explotará. De esto me convenzo mientras guardo la pistola de mi padre en la mochila, amarro el paliacate alrededor de la cabeza —así cubriendo nariz y boca—, y encaro la carretera. En el horizonte, el abismo: una infestación de pústulas plomizas que han exterminado al cielo mismo. Son todos los gases acumulados en la atmósfera, burbujeando de manera casi mansa.

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Guía para colonos del nuevo mundo

Si estás leyendo esto, has llegado con éxito a Erebo-9, la más reciente y problemática adquisición de la expansión humana por la galaxia. Has dejado atrás los asentamientos seguros de la Tierra, Marte, Júpiter y todas sus comodidades para ser parte de la primera generación de colonos en este mundo extraño, pero prometedor.

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El mejor de los mundos posibles

Mía siguió pedaleando como si en verdad fuera a llegar a algún lugar. Por lo general el ejercicio le ayudaba a sentirse mejor y olvidar todo por un rato, pero esta vez no estaba funcionando. Sus pensamientos le martilleaban la cabeza mientras recorría el holobosque desde la bicicleta estacionaria en el estudio de su casa. Quizá un escenario más interesante la ayudaría a distraerse. Mía bajó del aparato y se acercó a la consola para cambiar el programa. Se sabía de memoria casi todos los recorridos que tenía descargados, así que seleccionó el usuario de Alex para buscar algún nuevo paisaje para andar en bici. Tan pronto cambió de usuario se dio cuenta que no había abierto el holoespacio de Alex desde el accidente.

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Los pliegues

Yuzuko finaliza la última doblez de papel y suspira. Coloca su creación en la palma de su mano y la observa: una rana verde con unos ojos saltones y simpáticos. Desde que lo conoce es lo que más le ha llamado la atención de Kohtaro: una mirada enorme y atenta en esa cara tan delgada. Yuzuko le vio salir de casa con un traje azul marino y un par de maletas, una más grande que la otra, varias veces antes de preguntarle por su trabajo.

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La (in)movilidad del agua o el destino múltiple de las mitocondrias

Tres lunas iluminan el mar primitivo del que sales reptando. Mundos y células que desembocan en otros mundos y células: una melodía sutil recorre tu cuerpo y todo lo que le rodea. No sabes exactamente cómo, pero intuyes que eso que escuchas tiene que ver de alguna forma con tus mitocondrias. Habría que preguntárselo a tus huesos antes de que se sequen. La consulta dura tres millones de años pero finalmente consigues ponerte en pie. Delante tuyo, abriéndose paso entre los juncos de este sueño, va un artrópodo gigante. Cacerola cochinilla de mar mitológica descomunal: marchan y mutan al ritmo de la música.

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Nota anónima para un arqueólogo del futuro

El futuro se descubre al igual que una pieza arqueológica extraída de la tierra. Se descubre a pocos metros de profundidad, entre capas de sedimento y las raíces de un árbol derribado por la crecida de un río. Se descubre por accidente, por alguien que pasaba por allí, un grupo de pescadores que no tuvo otra opción que desviarse del camino habitual hacia el río. Es una pieza elusiva, hecha de cerámica, una vasija que extraes cuidadosamente, barriendo la tierra con cepillos y pinceles y desenredando la maraña de raíces que la cubren.

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Que los dioses vivan y se haga su voluntad

Estoy sentada en el borde del gran estanque en cuyas aguas son creados los dioses. Con los ojos cerrados medito. En mi trance percibo a la criatura nadar en las profundidades; veo en los pulsos de mis pensamientos la forma de sus alas en movimiento; alrededor de todo su cráneo los cientos de ojos hibridados de insectos y aves; más adentro, en su garganta, reside la combinación de los aparatos vocales de varias especies de mamíferos cantores; en la parte inferior de su cuerpo, donde están sus largas patas de reptil, sobresaliendo sobre los huesos, hay unas aletas de peces; en su piel se alternan escamas, pelos y piel multicolores; sobresalen también calcificaciones derivadas de las corazas de los cangrejos, moluscos y remanentes de corteza de los árboles. Soy por un momento parte de los procesos químicos en el interior de las células de la deidad; el metabolismo, la creación y consolidación de los tejidos; el cómo las proteínas interactúan entre sí. Si me concentro un poco más puedo sentir los impulsos eléctricos de los primeros pensamientos en sus jóvenes neuronas.

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Cuando los muertos lloran

Solo había llevado el teléfono pensando en que su jefe podría llamarla con alguna novedad, tal vez un dato de último minuto sobre el negocio tan importante que ella se disponía a cerrar. Si lograba concretar este cliente la comisión sería suficiente para pagar la deuda.

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Cuando ya sea en vano

La historia que voy a contar no me ocurrió a mí, aunque más tarde me preguntaría si hubiera sido mejor ser una víctima directa. Nació, eso sí, del equívoco y de la duda. Sucedió en esta calle, hace tantos años ya, cuando después de recobrarse el pueblo decidió bautizar al fenómeno como “la primera estación de la lluvia”, y tiene la única desgracia —que algunos llaman suerte— de ser verdadera.

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